Mis traducciones: El polluelo dormido en la orilla del mar

El mes pasado fue publicado vía nowevolution editorial otro tomo BL que he tenido el placer de traducir, El polluelo dormido en la orilla del mar, de Yuu Minaduki. En esta historia, los protagonistas son Yuuichi, un oficinista soltero que acaba de quedarse a cargo de su sobrino huérfano, Ayumu, y Ryô, un joven con misterioso pasado que regenta una tienda de comidas preparadas.

Yuuichi, que no sabe ni freír un huevo, se hace cliente asiduo de la tienda de Ryô. Gracias a este hecho, nombres de platos de lo más apetecibles van asomando entre las páginas del manga. En ningún momento se menciona dónde se sitúa exactamente la historia, pero muchas de dichas especialidades culinarias son propias de la cocina de Kyushu, al sur de Japón.

Como me encanta la gastronomía, me paré a traducir el cartel que aparece delante de la tienda en el primer capítulo, a ver qué era lo que el guapo Ryô tenía a la venta en su Beniya. Era muy pequeñito y no se localizó en el tomo, así que aquí está la lista para quien, como yo, sienta curiosidad:

– Estofado de pollo y verduras estilo chikuzen  (chikuzenni)

Chikuzen era el antiguo nombre de la provincia de Fukuoka, en Kyushu. Este plato suele incluirse en la comida de Año Nuevo y en los bentos o fiambreras, porque también está rico comido frío. Un plato un poco difícil de emular fuera de Japón porque tiene ingredientes muy japoneses: bambú, konjac, raíz de loto y raíz de gobô, una especie de cardo también muy consumida en Kyushu.

– Pollo rebozado

El famoso karaage, omnipresente en Japón.

– Filete ruso bien jugoso

En Japón, la hamburguesa (con pan) es “burger” y el “hamburger” es más parecido a un filete ruso (esos que cocinaba Belén Esteban durante el confinamiento), así que suelo traducirlo así. Lo de “bien jugoso” añade un extra de “apetecibilidad”, ¿eh?

– Albóndigas de pollo

En realidad son “tsukune dango“, aunque casi que la única diferencia con las nuestras es que se suelen cocinar pinchadas con palito a la brasa.

– Berenjenas con salsa de carne picada

Este plato me encanta. La salsa está hecha con miso, que es uno de los condimentos que mejor combina con las berenjenas. También está muy rico el nasu dengaku (y además es vegetariano).

– Guiso de habas de soja y alga kombu

Uno de los grandes clásicos de los platos de acompañamiento en Japón. Yo, que soy muy de potajes y de platos de cuchara, siempre tiro mucho de los granos de soja cuando estoy allí para que no me falte mi dosis de legumbres. Sí, soy de esas extranjeras que no tiene el menor reparo en comer nattô. A mí me parece que está riquísimo, además de ser de lo más saludable. ¡Hay que cuidar el tracto intestinal!

Antes de traducir este tomo, no había leído nada de Yuu Minaduki y fue un gran descubrimiento. Me pareció muy interesante que reflejara la realidad de una familia monoparental y Ayumu me ganó el corazón. Él es para mí la gran estrella del manga, el personaje más complejo y realista de todos. Cada vez que llegaba a la parte en que se echa a llorar en la tienda de Ryô, me entraba la llantera a mí también.

No os perdáis la ilustración que hay bajo la sobrecubierta junto a las palabras de la autora, es de lo más tierna.


El tomo se puede adquirir en:


https://www.nowevolution.net/kigen/El-polluelo-dormido-225.html


Resumen:


«Déjame abrazar tus cicatrices. Son la prueba de que has vivido».


Tras perder a sus padres y su hermana en un accidente de tráfico, Yuuichi queda a cargo de su sobrino huérfano, Ayumu. Ambos se mudan a una ciudad junto al mar, con la intención de empezar una nueva vida.

La primera persona que conocen allí es Ryô, un cocinero que regenta un negocio de comida casera para llevar. Yuuichi se hace su cliente asiduo, ya que apenas sabe freír un huevo, además de ser torpe y despistado en general. Todo lo contrario que el popular, guapo y resolutivo cocinero.

Sin embargo, Ryô, bajo esa fachada de perfección y autosuficiencia, esconde un pasado marcado por las heridas. Yuuichi, con el fin de ayudarlo, intentará acercarse a ese solitario hombre que en sus ratos libres se dedica a mirar el mar. Mientras, en la misma playa, el pequeño Ayumu busca vidrios marinos: cristales rotos, maltratados por las olas hasta quedar convertidos en brillantes tesoros.

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